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El creador de nuestro juego

El creador de nuestro juego

08 de Enero de 2013 - Tras homenajear a los entrenadores y utilizando la prosa del escritor que es, Sebastián E. Perasso, autor de los cinco libros Rugby Didáctico, le rinde su merecido homenaje a William Webb Ellis.

    Aquel sábado se presentaba tranquilo y apacible. Era una mañana fresca y despejada, aunque algunos nubarrones todavía dispersos amenazaban con cambiar el aire del lugar. William había amanecido decidido a cambiar los preconceptos que caían sobre su persona con la fuerza de un granizo.
    Sus estudios de teología en la escuela de Rugby le insumían mucho tiempo y energía; sin embargo siempre se hacia un espacio para practicar deportes y encontrar algo de alivio en el esparcimiento. Su físico más bien robusto y su temperamento inquieto e incluso algo soñador, no encontraban sintonía en aquel fútbol que practicaban por aquel entonces.
    Aborrecía esas interminables jornadas de fútbol en las que sus compañeros y rivales, entre puntapiés y zancadillas, se amontonaban en verdaderas montañas humanas de entre 50 y 100 jugadores.
    Su escasa habilidad con el pie y su figura poco espigada lo alejaban de la excelencia deportiva y la notoriedad. Necesitaba una disciplina distinta, más integral, donde pudiera dar rienda suelta a sus habilidades hasta ese momento escondidas, y por sobre todo tuviera acceso a la felicidad. Deseaba un deporte más perfecto, más dinámico y con lugar para todos.
    En aquellos tiempos, sus actuaciones se confundían en el olvido y deambulaban entre la indiferencia y algunos tímidos pero dolorosos silbidos. No deseaba seguir practicando un deporte en donde solo recogía críticas y alguna que otra reprobación.
    Era noviembre de 1823 y próximo a cumplir 17 años una jornada memorable parecía emerger por entre la tranquilidad y parsimonia de aquel viejo colegio, uno de los mas celebres y antiguos del reino, que impartía enseñanza desde 1567.
    La noche anterior había sido un poco agitada. Se fue a dormir sabiendo que no toleraría la llegada de otra jornada deportiva tan chata y monótona como de costumbre. Esa mañana había amanecido decidido a cambiar esas reglas del fútbol tan alejadas de su fantasía. Creía que con su aporte, el fútbol podía trasladar sus límites hasta horizontes insospechados.
    A poco de comenzado el partido la sinrazón se apoderó por un instante de su persona, y en un rapto de rebeldía (o lucidez) su imaginación lo transportó muy lejos, hacia un deporte distinto, mas completo e integral. Ante el asombro y sorpresa de compañeros y rivales que atónitos observaban la escena, tomó con fuerza la pelota entre sus brazos y con fiereza corrió con ella hasta detrás de la línea de meta. Fue un momento mágico y sublime, que quedaría gravado en varias crónicas y textos de aquella época.
    Ese día, William volvió a su casa como siempre y siguió al pie de la letra su habitual rutina pos
partido. Quitó el barro a sus tapones de cuero, reemplazó luego su ropa por su característico pantalón pijama, acomodó los zapatos junto a su cama y se metió en ella satisfecho y complacido.
    Ya en su cama se dispuso a volcar en su pequeño cuaderno de anotaciones cada detalle de la memorable jornada. Por un instante, un sueño profundo lo invadió de repente y no alcanzó siquiera a escribir una palabra. Acaso porque su obra ya estaba escrita.
    Desde esta pequeña tribuna rendimos nuestro sincero homenaje a William Webb Ellis, quien con su corrida inmortal dio nacimiento a nuestro querido deporte, el Rugby. 
Nota: Cuando se instituyó una competencia mundial a jugarse entre naciones, el International Rugby Football Board (como se llamaba) entonces puso en juego para su Rugby World Cup el trofeo William Webb Ellis.
Para mas información sobre el autor o sus cinco libros, acceder a www.rugbydidactico.com o en

rugbydidactico@hotmail.com
Twitter: @rugbydidáctico

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